Creció en mi mente un árbol. Creció hacia dentro. Sus raíces son venas, nervios sus ramas, sus confusos follajes pensamientos. Tus miradas lo encienden y sus frutos de sombras son naranjas de sangre, son granadas de lumbre. Amanece en la noche del cuerpo. Allá adentro, en mi frente, el árbol habla. Acércate, ¿lo oyes?:
Octavio Paz

Al buenentendedor

Respondo brevemente a los dos puntos de la carta de José Miguel Oviedo: 1. En mi artículo no pedí la celebración inmediata, ahora mismo, de elecciones en Nicaragua; señalé que era urgente iniciar las reformas democráticas convenidas en el plan de paz del Presidente Arias. Decía: “el gobierno de Nicaragua tendrá que modificar sustancialmente su política y volver al programa democrático que anima en sus orígenes a la revolución que derribó a Somoza”. Un programa de reforma democrática debería contener, por lo menos, estos puntos: amnistía general, pluralismo, disolución de los Comités de Defensa Sandinista (la organización policíaca, calcada de Cuba, que controla los actos y las opiniones de la población), libertad sindical y de asociación, suspensión de las medidas que lesionan la vida y la cultura de las comunidades indígenas y auténtica libertad de prensa. Es claro que las elecciones libres, las de hoy o las de mañana, dependen de estas condiciones y no a la inversa. En El Salvador el gobierno de Duarte se esfuerza, no sin vacilaciones y contradicciones, en someter a la ley a las bandas sanguinarias de la ultraderecha; al mismo tiempo, procura continuar el diálogo con los grupos, no menos violentos, de la oposición armada. Los profesores que defienden a la dictadura sandinista desde las trincheras de las Universidades de los Estados Unidos, deberían preguntarse, antes que nada, Si realmente el gobierno de Nicaragua esta cumpliendo con el plan de paz y de reformas democráticas firmado por los cinco Presidentes centroamericanos en Esquipulas. La respuesta la podrán encontrar en el artículo de Pablo Antonio Cuadra que aparece en este mismo número de Vuelta. 2. Una y otra vez he abogado por la no intervención en los asuntos centroamericanos. Pero la no intervención que pido abarca no sólo a los Estados Unidos sino también a la Unión Soviética y a sus satélites, como Cuba y Alemania Oriental. La intervención de los tirios provoca, fatalmente, la de los troyanos...
Octavio Paz

Vuelta 135 70 Febrero de 1988
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