Octavio Paz, semblanza

Ensayista y poeta mexicano. Es uno de los grandes escritores hispanos de todos los tiempos. Escritor fecundo. Su obra abarca varios géneros, entre los que sobresalen textos poéticos, el ensayo y traducciones. Colaboró activa y constantemente en el impulso de la cultura a través de la fundación y participación en innumerables revistas, como Taller, Plural y Vuelta. También fungió de profesor, conferencista, periodista y diplomático.
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No cabe duda que, a través de los años, Paz fue una personalidad polémica. Desde muy temprano dejó las formas poéticas tradicionales para lanzarse a la modernidad. Su obra poética pretende "liberar a la palabra de reglas o propósitos utilitarios" para devolverle su esencia mágica, haciendo uso casi exclusivo del pensamiento y de una rima interna y sutil, algunas veces difícil de captar.En cuanto a sus ensayos, nos encontramos ante una variedad impresionante de temas, sobresaliendo los de asunto antropológico, en particular en lo referente al mexicano, como lo atestigua su obra clásica El laberinto de la soledad. Pero también abundan, especialmente en su poesía, los temas del amor, del erotismo, de la poesía, de lo religioso y de la metafísica del ser.
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Recibió varios premios literarios, como el del Príncipe de Asturias, el Premio Cervantes y el de Tocqueville. Pero el mayor de todos fue el Premio Nobel, en 1990, otorgado como reconocimiento universal a su obra. Fue el primer escritor mexicano en recibirlo, y uno entre los varios concedidos a los autores de la literatura hispánica.
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Obra

POESÍA

-Luna silvestre. México: Fábula, 1933.
-¡No pasarán! México: Simbad, 1936.
-Raíz del hombre. México: Simbad, 1937.
-Bajo tu clara sombra y otros poemas sobre España. Valencia: Ed. Españolas, 1937.
-Entre la piedra y la flor. México: Nueva Voz, 1941.
-A la orilla del mundo. México: ARS, 1942.
-Libertad bajo palabra. México: Fondo de Cultura Económica, 1949.
-Semillas para un himno. México: Fondo de Cultura Económica, 1954.
-Piedra de sol. México: Fondo de Cultura Económica, 1957.
-La estación violenta. México: Fondo de Cultura Económica, 1958.
-Salamandra (1958-1961). México: Joaquín Mortiz, 1962.
-Viento entero. Delhi: The Caxton Press, 1965.
-Blanco. México: Joaquin Mortiz, 1967.
-Discos visuales. México: Ediciones ERA, 1968 (Arte de Vicente Rojo).
-Ladera Este (1962-1968). México: Joaquín Mortiz, 1969.
-La centena (1935-1968). Barcelona: Barral, 1969.
-Topoemas. México: Ediciones ERA, 1971.
-Renga. México: Joaquín Mortiz, 1972. Poema colectivo con Jacques Roubaud, Edoardo Sanguinetti y Charles Tomlinson.
-Pasado en claro. México: Fondo de Cultura Económica, 1975.
-Vuelta. Barcelona: Seix Barral, 1976.
-Hijos del aire/Airborn. Con Charles Tomlinson. México: Martín Pescador, 1979.
-Poemas (1935-1975). Barcelona: Seix Barral, 1979.
-Prueba del nueve. México: Círculo de Lectores, 1985.
-Árbol adentro (1976-1987). Barcelona: Seix Barral, 1987.
-Lo mejor de Octavio Paz. El fuego de cada día. Selección, prólogo y notas del autor. Barcelona: Seix Barral, 1989.

PROSA POÉTICA
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-Águila o sol? México: Fondo de Cultura Económica, 1951.
-El mono gramático. Barcelona: Seix Barral, 1974.
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TEATRO
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-La hija de Rappaccini. México: en la Revista Mexicana de Literatura , 7, septiembre-octubre 1956, y en Poemas, 1979.
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ENSAYOS

-El laberinto de la soledad. México: Cuadernos Americanos, 1950. Segunda edición, Fondo de Cultura Económica, 1959.
-El arco y la lira. México: Fondo de Cultura Económica, 1956.
-Las peras del olmo. México: UNAM, 1957
-Cuadrivio. México: Joaquín Mortiz, 1965.
-Los signos en rotación. Buenos Aires: Sur, 1965.
-Puertas al campo. México: UNAM, 1966.
-Claude Lévi-Strauss o el nuevo festín de Esopo. México: Joaquín Mortiz, 1967.
-Corriente alterna. México: Siglo XXI, 1967.
-Marcel Duchamp o el castillo de la pureza. México: Ediciones ERA, 1968. Incluido después en Apariencia desnuda; la obra de Marcel Duchamp. México: Ediciones ERA 1973.
-Conjunciones y disyunciones. México: Joaquín Mortiz, 1969.
-México: la última década. Austin: Institute of Latin American Studies, University of Texas, 1969.
-Posdata. México: Siglo XXI, 1970.
-Las cosas en su sitio: sobre la literatura española del siglo XX. Con Juan Marichal. México: Finisterre, 1971.
-Los signos en rotación y otros ensayos. Introducción y edición de Carlos Fuentes. Madrid: Alianza Editorial, 1971.
-Traducción: literatura y literalidad. Barcelona: Tusquets Editores, 1971.
-El signo y el garabato. México: Joaquín Mortiz, 1973.
Solo a dos voces. Con Julián Rios. Barcelona: Lumen, 1973.
-Teatro de signos/Transparencias. Edición de Julián Rios. Madrid: Fundamentos, 1974.
-La búsqueda del comienzo. Madrid: Fundamentos, 1974.
-Los hijos del limo: del romanticismo a la vanguardia. Barcelona Seix Barral, 1974.
-Xavier Villaurrutia en persona y en obra. México: Fondo de Cultura Económica 1978.
-El ogro filantrópico: historia y política (1971-1978). México: Joaquín Mortiz, 1979.
-In/mediaciones. Barcelona: Seix Barral, 1979.
-México en la obra de Octavio Paz. Editado y con una introducción de Luis Mario Schneider. México: Promociones Editoriales Mexicanas, 1979.
-Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe. México: Fondo de Cultura Económica 1982, y Barcelona: Seix Barral, 1982.
-Tiempo nublado. Barcelona: Seix Barral, 1983.
-Sombras de obras. Barcelona: Seix Barral, 1983.
-Hombres en su siglo y otros ensayos. Barcelona: Seix Barral, 1984.
-Pasión crítica: conversaciones con Octavio Paz. Edición de Hugo J. Verani. Barcelona Seix Barral, 1985.
-México en la obra de Octavio Paz (3 volúmenes)-Vol. I. El peregrino en su patria. Historia y política de México.-Vol. II. Generaciones y semblanzas. Escritores y letras de México.-Vol. III. Los privilegios de la vista. Arte de México.Edición de Luis Mario Schneider y Octavio Paz. México: Fondo de Cultura Económica, 1987.
-Primeras Letras (1931-1943). Edición e introducción de Enrico Mario Santí;. Barcelona: Seix Barral, 1988, y México: Vuelta, 1988.
-Poesía, mito, revolución. Precedido por los discursos de Francois Mitterrand, Alain Peyrefitte, Pierre Godefroy. Premio Alexis de Tocqueville. México: Vuelta, 1989.
-La otra voz . Poesía y fin de siglo. Barcelona: Seix Barral, 1990.
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TRADUCCIONES Y EDICIONES DE OCTAVIO PAZ
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-Anthologie de la poésie mexicaine. Edición e introducción de Octavio Paz con una nota de Paul Claudel. Paris: Editions Nagel (Col. UNESCO), 1952.
-Anthology of Mexican Poetry. Edición e introducción de Octavio Paz con una nota de C. M. Bowra, y traducción al inglés de Samuel Beckett. Bloomington: Indiana University Press, 1958.
-Basho, Matsuo. Sendas de Oku. Traducido por Eikichi Hayashiya y Octavio Paz, con una introducción de Octavio Paz. México: UNAM, 1957, y Seix Barral, 1970.
-Laurel: Antología de la poesía moderna en lengua española. Edición de Xavier Villaurrutia, Emilio Prados, Juan Gil-Albert y Octavio Paz. México: Editorial Séneca, 1941.
-Pessoa, Fernando. Antología. Edición, traducción e introducción de Octavio Paz. México: UNAM, 1962.
-Poesía en movimiento ( México: 1915-1966). Edición de Octavio Paz, Alí Chumacero, Homero Aridjis y José Emilio Pacheco. México: Siglo XXI, 1966.
-Versiones y diversiones. Traducciones de poesía. México: Joaquín Mortiz, 1974.
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[Fuente: UNAM]

El siglo XX: la experiencia de la libertad

La experiencia de la libertad


Unas pocas palabras para iniciar esta primera conversación. Muchas personas me han preguntado por qué hemos llamado a nuestro encuentro: “El siglo xx: La experiencia de la libertad”. Diré muy brevemente por qué la libertad, más que una idea o un concepto, me parece que es una experiencia. La libertad, como idea, es del dominio de la filosofía. Pero se trata de un término que escapa a las definiciones; la disputa entre la libertad y el determinismo nació al mismo tiempo que el pensamiento filosófico y todavía sigue abierta. Hay una expresión célebre que confirma la extraordinaria ambigüedad de esta palabra: “la libertad es la elección de la necesidad”. Es la gran refutación de la libertad y, al mismo tiempo, su gran victoria. En la tragedia griega encontramos la misma indecisión; para que la fatalidad se cumpla, nos dicen una y otra vez Esquilo y Sófocles, se necesita la complicidad de la voluntad humana. Los agentes del destino son los hombres y los hombres conquistan la libertad cuando tienen conciencia de su destino. Enigma filosófico y paradoja poética, la libertad es también un misterio teológico: “somos libres por la gracia de Dios”. Por todo esto, pienso que la libertad, más que idea filosófica o concepto teológico, es una experiencia que todos vivimos, sentimos y pensamos cada vez que pronunciamos dos monosílabos: sí o no. La libertad no se deja definir en un tratado de muchas páginas pero se expresa en un simple monosilabo.

Mientras pensaba en esta paradoja recordé un poema que escribí hace cuarenta y cinco anos, al final de la segunda guerra.Su tema es la libertad, que yo veía unida a la imaginación Todavía lo creo y por esto me atrevo a repetir unas cuantas líneas de ese viejo poema:

La libertad es alas,
es el viento entre hojas, detenido
por una simple flor; y el sueño
en el que somos nuestro sueño;
es morder la naranja prohibida,
abrir la vieja puerta condenada
y desatar al prisionero:
esa piedra ya es pan,
esos papeles blancos son gaviotas,
son pájaros las hojas,
y pájaros tus dedos: todo vuela.

La imaginación en libertad transforma al mundo y echa a volar las cosas y los seres que toca... Sin embargo, hoy haría esta crítica a esos versos juveniles: la libertad se disipa si no se realiza en un acto. Le pasa lo que a la paloma de Kant: para volar necesita vencer tanto la resistencia del aire como la atracción hacia el suelo, la fuerza de la gravitación. La libertad, para realizarse, debe bajar a la tierra y encarnar entre los hombres. No le hacen falta alas sino raíces. Es una simple decisión -sí o no- pero esta decisión nunca es solitaria: incluye siempre al otro, a los otros. La libertad es la dimensión histórica del hombre. Lo es por ser una experiencia en la que aparece siempre el otro. Al decir sí no, me descubro a mí mismo y, al descubrirme, descubro a los otros. Sin ellos, yo no soy. Pero ese descubrimiento es, asimismo, una invención: al verme a mí mismo, veo a los otros, mis semejantes; al verlos a ellos, me veo a mí mismo. Ejercicio de la imaginación activa, la libertad es una perpetua invención.

Vivimos el fin de un período histórico y el comienzo de otro. Dos grandes guerras, varias revoluciones y otros trastornos sociales y políticos han marcado a nuestro siglo. Muchos pueblos y muchas tierras han sufrido prolongados eclipses de las libertades públicas. La clase intelectual -si es que los intelectuales son una clase- tampoco ha salido indemne de esta gran prueba histórica. Nuestro siglo ha sido el de la trahison des clercs, como llamó Benda a la deserción de los intelectuales. La enfermedad totalitaria contagió a filósofos y a poetas, a dramaturgos y a novelistas. Pero no todos cedieron y es imposible olvidar a todos aquellos escritores que hicieron, desde 1920, una crítica lúcida y valerosa a los dos grandes sistemas totalitarios modernos, el nazi y el comunista. En la memoria de todos nosotros están los nombres de los intelectuales que se han enfrentado, rodeados de hostilidad, a los despotismos del siglo XX. La lista es grande. El número de las víctimas también es largo y está compuesto por poetas y novelistas, filósofos y pintores, músicos y periodistas. Entre esos combatientes por la libertad se encuentran muchos de ustedes, que han padecido cárcel, destierro y vejaciones por sus ideas.

Hoy la revolución pacífica de los pueblos de Europa Central y de la Unión Soviética, así como el regreso de América Latina a la democracia -todavía falta Cuba-, nos obliga a otro tipo de reflexión. El gran tema del pasado inmediato fue la crítica de los poderes enemigos de la libertad: el del tiempo que viene es el de su invención: ¿cómo los pueblos, sobre todo los de Europa del Este y de la América Latina, podrán edificar la casa de la nueva democracia? Con esta pregunta comienza la primera conversación de nuestro Encuentro: “Del socialismo autoritario a la difícil libertad”. Tiene la palabra Leszek Kolakowski.

Octavio Paz

México, DF, a 27 de agosto de 1990


Balance y perspectivas

El recuento del siglo xx es estremecedor: dos guerras mundiales, el nazismo y el comunismo, sus campos de concentración, sus millones de víctimas y, durante años y años suspendida sobre nuestras cabezas, la amenaza de un conflicto nuclear que habría puesto fin a la civilización y aun a la especie humana y a la vida misma en el planeta. De pronto, en un extremo de Europa, allí donde el totalitarismo comunista parecía haber impuesto un crepúsculo permanente, el horizonte comenzó a despejarse. Hoy vivimos el alba de la libertad. La importancia de este Encuentro consiste, precisamente, en que un grupo de intelectuales independientes de Europa y de América se han reunido para deliberar, en libre diálogo, sobre lo que será sin duda la tarea más urgente de los tiempos que vienen, a menos que la historia vuelva a sorprendernos con alguno de sus crueles cambios: ¿cómo construir la casa universal de la libertad? Algunos nos dicen: ¿no olvidan ustedes a la justicia? Respondo: la libertad, para realizarse plenamente, es inseparable de la justicia. La libertad sin justicia degenera en anarquía y termina en despotismo. Pero asimismo: sin libertad no hay verdadera justicia.

La importancia de este debate internacional ha sido doble: intelectual y moral. Intelectual por la calidad de los participantes, todos ellos notables en sus respectivos dominios y especialidades; moral porque todos han sido combatientes de la libertad. Muchos entre ellos han sido víctimas de los nazis y de los comunistas, han conocido sus campos de concentración y sus cárceles o han sufrido largos años de destierro. Todos han sido insultados por la propaganda comunista, como hoy lo hemos sido, en cierta prensa mexicana, por escritores y periodistas que nos han llamado, con poca escrupulosa incontinencia verbal, fascistas e incluso stalinistas. Son gente que tiene tan larga la lengua como corto el entendimiento.

Nuestro Encuentro se ha caracterizado por la diversidad de las opiniones y los criterios. Abundaron las discrepancias y las divergencias. Ha sido un signo de salud intelectual y moral: la uniformidad es la muerte del espíritu, la petrificación del pensamiento. Sin embargo, creo que nuestras coincidencias no han sido menos grandes y decisivas que nuestras diferencias. Mencionaré las que me parecen esenciales.

En primer término: la afirmación de la democracia como la única forma de convivencia política civilizada. Creemos en la soberanía popular, en la elección libre de las autoridades y en un régimen de derecho que preserve a la sociedad lo
mismo de la tiranía de un hombre o de una oligarquía que del despotismo de la mayoría, es decir, que salvaguarde los derechos de las minorías y de los individuos.
La democracia económica es el necesario complemento de la democracia política. El mercado libre es el sistema mejor -tal vez el único- para asegurar el desarrollo económico de las sociedades y el bienestar de las mayorías. Así como las libertades políticas, en regímenes democráticos, implican el respeto a los derechos de las minorías y de los individuos, el libre juego de las fuerzas económicas -liberado de la voluntad arbitraria del Estado tanto como de los monopolios privados- debe estar regido por la ley y por la sociedad misma, es decir, por los productores, los intermediarios y los consumidores. El mercado no puede ser un simple y ciego mecanismo sino que es el resultado de un acuerdo colectivo. El mercado es una de las expresiones del pacto social. Creo no equivocarme si digo que la mayoría entre nosotros está a igual distancia del Estado-patrón y del laissez-fuire absoluto.

En la esfera de la cultura todos nosotros afirmamos la libertad de pensar, escribir y publicar obras literarias. Una libertad que se extiende a las otras artes. La literatura moderna nació, en el siglo XYIII, frente a las pretensiones del Estado absolutista y de las distintas Iglesias; en el siglo XIX, no sin eclipses, la literatura libre creció e hizo la descripción y la crítica de los poderes establecidos y de las mentiras e ilusiones de la sociedad civilizada. El siglo xx ha sido un siglo de grandes creaciones literarias y de un osado pensamiento filosófico y científico, pero también ha sido el de las grandes persecuciones intelectuales y artísticas, sobre todo por los dos grandes, intolerantes y crueles totalitarismos. La segunda guerra acabó con el nazismo La revolución pacífica de los pueblos de la Unión Soviética y de la Europa Central ha derribado la pirámide burocrática comunista.

Esta inmensa victoria contra el sistema totalitario no debe cerrar nuestros ojos ante otros peligros La literatura moderna no está a salvo de graves amenazas. Pienso en la solapada dominación del dinero y el comercio en el mundo del arte y la literatura. Las leyes del mercado no son estrictamente aplicables a la literatura, al pensamiento y al arte. Las grandes obras de nuestra civilización han sido casi siempre obras marginales o subversivas, dirigidas a una minoría, obras que encontraron indiferencia y aun oposición cuando aparecieron. La salud de una literatura -es decir, de una civilización- depende de la variedad y la singularidad de sus voces, personalidades
y corrientes. Las potencias meramente comerciales, regidas por el criterio del éxito y la venta, tienden a la uniformidad -máscara de la muerte.

La historia de la literatura, del pensamiento y del arte moderno es inseparable de la historia de las libertades públicas. Allí donde perece la libertad, el pensamiento y la literatura perecen. La libertad es la sangre invisible que anima a la literatura y a la sociedad entera.

Octavio Paz

México, DF. 2 de septiembre de 1990
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Del 27 de agosto al 2 de septiembre de este año se llevó a cabo el encuentro “El siglo XX: La experiencia de la libertad organizado por Vuelta y transmitido por televicíón.

Octavio Paz, el hechicero de la palabra - Parte 1

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Octavio Paz. El fruto de la poesía

Octavio Paz, una vida de poesía, una poesía del pensamiento

<a href="http://www.joost.com/37fea8s/t/OCTAVIO-PAZ">OCTAVIO PAZ</a>
"La gran poesía, la gran literatura es aquella que revela al hombre no como una afirmación, como una unidad, como un bloque, sino como una quiebra, una hendidura. Al hombre en su polémica consigo mismo. Esta visión del hombre me parece a mí la verdadera visión moderna: no el hombre como ascenso hacia un paraíso o hacia un cielo imaginarios, sino como revelación de su propia nadería."
___________________________________________________________________________________________________Octavio Paz

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